Trabajos verdes y descontaminación, un círculo virtuoso para la crisis
No siempre es factible que se den condiciones para generar círculos virtuosos. para el destacado columnista y director del programa “un mundo de posibilidades” Mark Sommer hoy , en medio de la crisis económica, están dadas las condiciones para ello.
“En una crisis económica larga en pérdidas y corta en soluciones, pocas palabras de moda han viajado tanto y tan rápido desde grupos de ambientalistas hasta la gran prensa como el término “trabajos verdes”.
Hasta hace cinco años, el activista por los derechos civiles Van Jones trabajaba en cuestiones vinculadas con la justicia en Oakland, California. Comenzó a usar el término “trabajos verdes” para enfrentar con un solo golpe dos añejos desafíos: pobreza y cambio climático.
Jones propuso entonces emplear a los jóvenes desempleados de los barrios pobres en la plantación de árboles, en la instalación de estructuras de aislamiento térmico y de paneles solares, y en la eliminación de desechos tóxicos. O sea, en empleos “verdes”.
El mantra de los “trabajos verdes” ahora aparece todo el tiempo en los discursos del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y, recientemente, el primer ministro británico Gordon Brown hizo un llamado para la creación de millones de estos empleos.
Asimismo, el paquete de estímulo económico estadounidense contiene 500 millones de dólares para la creación de miles de empleos verdes. Y la Casa Blanca anunció a inicios de marzo el nombramiento de Jones como asesor en materia de “trabajos verdes, iniciativas e innovación”.
Aunque Jones es uno de sus más elocuentes defensores, la idea de combinar la renovación ambiental urbana con la erradicación de la pobreza tiene varias experiencias a pequeña escala desde hace más de una década.
En la norteña ciudad de Chicago, dos programas de principios de los años 90 han prosperado con similares objetivos: Greencorps, patrocinado por el gobierno de la urbe, proporciona instrucción en horticultura, materiales y empleo a jóvenes de los barrios pobres, mientras que Growing Home, una organización sin fines de lucro, dirige una red de granjas que sirve a una clientela de bajos ingresos.
Majora Carter, una activista que creció en un tugurio de South Bronx, Nueva York, pudo salir de allí para graduarse en una escuela de arte, pero luego retornó a sus raíces. Un día, cuando paseaba a su perro, descubrió que detrás de unos edificios ruinosos estaba todavía el río Bronx.
Con visión y determinación fundó la organización Sustainable South Bronx. Junto con un equipo de activistas del barrio logró crear un parque de más de media hectárea, el Hunts Point Riverside Park, el primero de lo que ella espera sea un conjunto de áreas verdes en las zonas ribereñas.
Éste y otros proyectos ofrecen lo que los analistas llaman “prueba de concepto” para una estrategia que, si es ampliamente aplicada, podría transformar no sólo los barrios con habitantes de bajos ingresos sino toda la economía estadounidense.



